Los Secretos Ocultos del Ajedrez
En los tiempos mĂticos, cuando el hombre vivĂa en Perfecta ArmonĂa con el Universo, los juegos poseĂan un carácter sagrado y no eran solo simples distracciones. El Ajedrez que todos conocemos ha conservado vestigios de ese carácter sagrado.
El origen del Ajedrez se pierde en la noche de los tiempos, pertenece a un tiempo inmemorial. Diferentes tradiciones lo han situado en su pasado remoto. La versiĂłn más extendida sobre el nacimiento de este juego, cuenta que es originario de la India y fue transmitido a Occidente por medio de los Persas y Arabes. Sin embargo, esta teorĂa se olvida de la TradiciĂłn HermĂ©tica, donde SĂłcrates y PlatĂłn sitĂşan el nacimiento del Ajedrez en Egipto, siendo el dios Thoth su inventor.
Divino o no el Ajedrez esconde muchos misterios. Lejos de ser un simple juego de mesa donde reina el ingenio y esfuerzo mental, el Ajedrez simboliza el Juego de la Vida, o mejor dicho el tablero de la vida. Su intención no es otra más que comunicar en forma perdurable el conocimiento de las leyes que rigen nuestro universo.
La vida es un tablero de Ajedrez, en la cual cada uno de nuestros actos es una jugada. Si nuestras jugadas son buenas, inteligentes y oportunas el resultado será el Exito, Salud y Longevidad. Si por el contrario nuestras jugadas son hechas de mala fe, egoĂstas e inoportunas, el resultado será fracaso, enfermedad y muerte. Debemos luchar para que nuestros actos (jugadas) no se realicen en forma mecánica o inconsciente.
El hombre inteligente antepone la conciencia a las impresiones y fundamenta tras ello su actuaciĂłn bajo el Perfecto Equilibrio entre la mente, la emociĂłn y el centro motor. Podemos notar que dichas cualidades resultan inherentes a todo buen Ajedrecista.
El juego del Ajedrez es la representaciĂłn de una batalla entre dos bandos (El Blanco y El Negro), simboliza el drama cĂłsmico de la Dualidad, la Luz y las Tinieblas, el Yin y el Yang. Nos recuerda la Batalla Espiritual entre el bien y el mal que todos libramos en nuestro interior.
El tablero, lugar donde se desarrolla la trama del juego, es un Cuadrado, figura geomĂ©trica que nos transmite la idea de ArmonĂa, Orden y Equilibrio. En el tablero de la vida el hombre queda inscrito dentro de los lados verticales y horizontales, limitado por las coordenadas que representan el Espacio y el Tiempo.
El tablero de Ajedrez esta dividido en una cuadrĂcula de 64 casillas, formado por un diagrama de ocho por ocho, la misma estructura del Cuadrado Mágico alquĂmico de Mercurio. En el Oriente y el Medio Oriente antiguos, el nĂşmero ocho estaba asociado a la armonĂa y la perfecciĂłn, que son los canales hacia el Infinito.
Las casillas del tablero están divididas en 32 cuadrados blancos y 32 cuadrados negros intercalados entre si. En el Ajedrez aprendemos que la luz y las tinieblas, el dĂa y la noche, el bien y el mal, se oponen, pero tambiĂ©n se complementan, porque uno no existe sin el otro, como ocurre con todos los pares de opuestos y complementarios de nuestro universo. La armĂłnica alternancia de los colores blanco y negro, nos muestra la manifiesta complementaciĂłn de los opuestos en el universo.
Más allá de sus significados bélicos, cada una de las piezas posee un rico simbolismo. Una de las piezas representativas y tal vez la más importante de todas desde el punto de vista simbólico es el humilde peón.
El PeĂłn está en la primera lĂnea de combate y representa el Sacrificio ya que es la pieza que generalmente es sacrificada en pos de la Victoria. Está sujeto a reglas muy rĂgidas que sĂłlo le permiten avanzar, pues simboliza al ser humano que desea llegar al otro lado del tablero. Si lo alcanza vuelve al juego purificado y más poderoso. El PeĂłn, al regresar al juego “coronado”, está liberado de las ataduras que poseĂa antes de llegar al final de su recorrido. Los peones que han perecido en su intento deberán encarnar nuevamente para volver a intentarlo.
El Alfil representativo del carácter fálico (la Lanza), es sĂmbolo del Poder Sexual. Su nombre proviene de las palabras “Alpha o Alphi” (la Voz de Dios), estas acepciones eran aplicadas a los toros Apis y Mnevis, palabras originariamente egipcias, las tomaron los fenicios para adoptarlas primeramente a los bueyes, “Alpha", y despuĂ©s a los elefantes, “Elaph”, verdadera raĂz de nuestro actual alfil. El Alfil es una pieza fiel a un sendero de determinado color y no se aventura en otros caminos, por lo cual representa la Lealtad a las Reglas. Su carácter original de elefante nos recuerda a la SabidurĂa relacionada con el Juego.
El Caballo representa la OsadĂa y el Valor para eliminar el miedo, sus movimientos describen la Escuadra y el Compás. Simbolizan la fuerza que se va adquiriendo a travĂ©s del trabajo con la energĂa sexual transmutada, tambiĂ©n la Inteligencia, la amistad, y el triunfo. En el ajedrez, el caballo describe un movimiento en L, como el de la llama, similar al elemento fuego, revelador de la Fuerza del EspĂritu. El caballo termina siempre su movimiento en un cuadrado de color opuesto al de partida, y en una fila o columna diferente a la inicial, lo que inspira la idea de un paso de la realidad a otro diferente.
La Torre simboliza el Avance Espiritual para alcanzar un mayor grado de Conciencia. Su ubicación en el tablero (en los cuatro ángulos, es decir en los 360 grados) nos da a entender que la totalidad del juego tiene un significado más alto y que el tablero es una especie de castillo protegido en las cuatro esquinas. Teniendo en cuenta que el castillo y todo lo que ocurre dentro de él está referido a lo interior, es decir, a la Vida Interna, podemos captar el sentido profundo de esta pieza.
La Dama o Reina es la segunda pieza en importancia después del Rey, en el juego moderno vino a sustituir a fines del siglo XV a otra pieza menos poderosa y más antigua llamada Alferza. La Dama o Reina representa en el tablero de la existencia y en el ajedrez, el Elemento Femenino, el Principio Universal de la Vida, la cual resplandece en toda obra, el Eterno Amor que fluye y refluye en todo lo creado, la otra mitad de nuestro Ser. No olvidemos el dicho que reza que: "Detrás de un Gran Hombre siempre hay una Gran Mujer".
El Rey representa la SabidurĂa, nuestro Real Ser Interior, el Venerable Maestro Interno, la Estrella Interior que siempre nos ha sonreĂdo. Porta sobre su cabeza una corona que reproduce la forma circular del cielo al que simboliza, siendo la corona el signo que confirma la posesiĂłn de una autentica realeza interior, que le permitirá gobernar en orden con la Voluntad Divina. Su posiciĂłn al inicio del juego es central, sobre una casilla de color contrario al suyo, conjugando asĂ los opuestos, y la posibilidad de moverse en todas direcciones una casilla a su alrededor lo que le infiere un movimiento circular sobre el mismo.
El Rey, el EspĂritu, es el centro sobre el que gira el compás, sĂmbolo de su Inteligencia Divina. Con la captura del Rey el juego finaliza, ya que Ă©l representa el centro del juego y el objetivo del ajedrez es alcanzar este centro, huyendo del laberinto de los sentidos dando jaque mate a la ilusiĂłn.
En la vida el hombre se enfrenta con innumerables problemas, cada persona necesita saber cómo resolverlos inteligentemente. Todo ajedrecista sabe que la Solución está en el problema mismo, siempre que haya tranquilidad y equilibrios perfectos entre la mente, la emoción y el centro motor.
Saludos y hasta la prĂłxima

